Qué hacemos
Certificamos que un vendedor es quien dice ser — con la misma tecnología de verificación de identidad (KYC) que usan los bancos — y atamos esa identidad al canal donde cobra: su WhatsApp, su Instagram, su ficha pública.
El problema
En el comercio por redes sociales el comprador transfiere primero y reza después. Un perfil de Instagram se crea en dos minutos, un PDF de "empresa registrada" se falsifica en treinta segundos, y cuando la estafa se concreta, el perfil desaparece. La desconfianza le cuesta ventas al vendedor honesto y dinero al comprador confiado.
La solución: identidad verificada con KYC
KYC ("conocé a tu cliente") es el estándar internacional con el que un banco confirma una identidad antes de abrir una cuenta. Identia aplica ese mismo estándar al vendedor:
- Foto de la cédula, validada como auténtica contra sus códigos de seguridad.
- Prueba de vida en video: hay una persona real, no una foto de una foto.
- Coincidencia facial entre esa persona y su documento.
- Contraste con el registro de Identificaciones del Paraguay.
Si todo coincide, emitimos un certificado con ficha pública viva: un link en identia.shop con sello de estado en tiempo real (Vigente, Vencido o Revocado), el nombre legal verificado y el WhatsApp declarado por el titular.
Por qué importa
- Para el comprador: antes de pagar, abre el link y confirma con quién está hablando. Si el nombre o el WhatsApp no coinciden, no paga.
- Para el vendedor: la confianza vende. Un certificado que no se puede falsificar convierte a un desconocido en alguien con nombre, apellido y rostro verificados.
- Para el ecosistema: cada rostro queda ligado a un único certificado activo — un estafador no puede reciclarse con otra cuenta.
Qué no hacemos
Identia verifica identidad. No verifica productos, entregas ni pagos, y no es parte de las transacciones. Esa honestidad es parte del diseño: certificamos lo que se puede probar.
